ROMUALDO BORONAT

Romualdo Boronat

Fuente: Museo Arqueológico Camilo Vicedo

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Propiedad, equipamiento y destinos del edificio 

 

El nombre del edificio procede del propietario de principios del siglo XIX, quien lo adquirió por herencia al morir su primera esposa, Rita Payá Vilaplana, primera propietaria del molino. Romualdo Boronat casó en segundas en nupcias con Rosa Payá, la hermana de su primera mujer.

En 1823 el edificio, usado como molino papelero, disponía de tres tinas.

Las inscripciones de la finca en el Registro de la Propiedad confirman su uso como molino papelero con derecho a 1/3 parte de las aguas procedentes de la Fuente del Molinar. La finca lindaba por el sur con el molino papelero de Hierro, perteneciente a Enrique Tort, y por el Norte, con otro molino papelero perteneciente a María Boronat Payá y Mª Pilar Botella y Boronat. El edificio ocupaba una superficie de 330,70  m cuadrados.

Según informe de 30 de junio de 1861 en este molino papelero se empleaba como materia prima trapos y carnaza, dando trabajo a 40 operarios. En el documento llama la atención la fecha de la creación del establecimiento, bastante anterior a la adquisición por parte de Rita Payá, 1779.

Al fallecer Romualdo Boronat Payá en 1873, el molino pasó a manos de sus nietos Federico y Conrado Valor Boronat, hijos de Leonor Boronat, los cuales se repartieron el molino.

Según consta en el Registro de la Propiedad, Conrado Valor Boronat fue fabricante de libritos de papel de fumar desde esta fecha hasta que vendió su parte en 1882. Por otra parte, Federico Valor Boronat falleció, en 1880 dejando su parte en herencia a su esposa Consuelo Masiá Ferrándiz, e hijos Marina, José y Rigoberto Valor Masiá. La viuda, sin embargo, no pudo hacer frente a la hipoteca y en 1882, junto con su cuñado vendieron su parte a Francisco Llopis y Boronat. Este último no tuvo descendencia y, en 1887, dejó la propiedad a sus hermanas Matilde, Consuelo y María, que tampoco tuvieron descendencia. Finalmente, tras morir toda la familia, la propiedad pasó a manos de la Casa de Desamparados de Alcoy, en octubre de 1929.

De forma inmediata el molino fue adquirido por Camilo Miró, el cual falleció en 1941, dejando a su viuda María Satorre Miró, la explotación de la fábrica hasta 1961, fecha en la que la heredaron sus hijos María, Elia, Ernesto y Eduardo.

Durante la Guerra Civil la empresa fue colectivizada e identificada con el número 62.

Los inventarios realizados en 1936 y 1939 resultan especialmente útiles para conocer las máquinas utilizadas por una fábrica esencialmente de hilatura en Alcoy a mediados de la década de 1930 y pone en evidencia el uso de un equipamiento obsoleto, particularmente de su equipamiento esencial, las selfactinas: una de 1885 y otra de 1890. Más significativa resulta la presencia de dos telares pequeños de garrote. Del mismo modo, cabe destacar la presencia de motores eléctricos y que no se aluda a ruedas hidráulicas como ocurre en otras instalaciones fabriles. En particular cabe destacar la influencia la Sociedad Española de Electricidad ASEA al régimen nazi.

La entrevista con Ernesto Miró permite confirmar que el edificio albergó una  empresa textil hasta los años de 1980.

 

Problemas laborales detectados en esta empresa

 

En este edificio, siendo molino papelero, se vivió una de las numerosas reivindicaciones del proletariado alcoyano. En concreto, en febrero de 1855 durante el bienio progresista, los trabajadores de este molino papelero reclamaron un aumento de jornal en razón a que “los moldes de los pliegos de papel tenían más dimensión” que la mayor parte de los fabricados en la ciudad. Este aumento fue concedido días más tarde.

 

Descripción del edificio en sus últimos años

 

Se trata de un edificio de planta aproximada a la forma rectangular, de cuatro alturas, cubierto con tejado a dos vertientes. Por la parte Sur la construcción estaba pegada al otro edificio pero en la parte Norte existe un pequeño callejón que lo separa de la construcción próxima denominada de Soler Hermanos. Las paredes son de mampostería con las esquinas terminadas en sillería de travertino. La planta baja semihundida, está cubierta con bóvedas, que en parte son de cañón realizado en sillería. Los vanos se abren hacia el Este, con tres balcones en el primer piso, destinado durante un tiempo a vivienda, y segundo y tercer piso con cinco amplias ventanas. La parte posterior, Oeste, más amplia admite cinco pequeñas ventanas. En la planta baja amenazada por el derrumbe de las paredes, todavía se conservan en el suelo evidencias de las tinas de papel y el eje de madera del batán, con marcas de los encajes de los palos que levantaban los martillos. Este eje ubicado en posición de funcionamiento se introduce en la galería donde se alojaba la rueda hidráulica que lo hacía girar.

Según el testimonio de Ernesto Miró en el primer piso se alojaba la familia propietaria, que disponía casa en la calle San Nicolás, una de las principales de Alcoy, en los meses de verano. El ruido de las máquinas y de los voces de los empleados no era obstáculo para pasar unos agradables días veraniegos en un paraje donde eran posibles los baños en los distingos malecones del río.

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